¡Hola! Soy Lucy. Y hoy os voy a contar un secreto que descubrí hace dos semanas y que ha cambiado mis mañanas para siempre. Se llama: El Misterio de los Cereales Cantarines.
El Problema de Todas las Mañanas
Cada mañana era lo mismo. Mi madre ponía en la mesa la caja de cereales supercoloridos con el tigre de dibujos animados. Los comía y a los diez minutos ya tenía hambre otra vez. En el cole, a las once, mi estómago rugía como un león enfadado.
—¿Por qué tengo hambre tan pronto? —le pregunté a mamá un día.
—Porque esos cereales están llenos de azúcar, Lucy. Son como comer caramelos con leche. Te dan energía rápida, pero luego se acaba enseguida.
El Encuentro con Avencio
El sábado siguiente, fui con mamá al supermercado. Mientras ella miraba las verduras, yo me escapé al pasillo de los cereales. Allí estaba, como siempre: el tigre sonriente, el mono saltarín. Pero entonces, en un rincón de abajo, vi una caja diferente. Era sencilla, con dibujos de avena dorada. Y escuché algo extraño...
"Psssst... Lucy... aquí abajo..."
Era Avencio, el copo de avena. Me contó que él era un cereal de verdad, sin azúcar añadido, y que tenía poderes mágicos.
—Si me comes con frutas frescas y un poquito de miel, te doy energía para toda la mañana. No para diez minutos. Para TODO el día.
La Gran Sorpresa
A la mañana siguiente, preparé mi primer bol. Puse leche, copos de avena, plátano, fresas, nueces y miel. El primer bocado fue... ¡cremoso y delicioso! Y entonces pasó algo increíble. Empecé a masticar y... ¡los cereales empezaron a cantar!
Fui al cole. Llegaron las once. Y entonces me di cuenta: ¡no tenía hambre! Mi estómago estaba tranquilo, feliz. Ahora sé la diferencia entre comida que te cuida y comida que te engaña.